Curia Metropolitana
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Diácono permanente: al servicio del pueblo de Dios

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“Buscad de entre vosotros a siete hombres, de buena fama, llenos de Espíritu y de sabiduría, y los pondremos al frente de este cargo”. Con este versículo del capítulo 6 de los Hechos Apóstoles quedó instaurado el servicio del diaconado.

En aquel tiempo los Apóstoles lo hicieron porque algunos discípulos se quejaban de que las viudas no recibían la atención diaria; pero, con el paso del tiempo el servicio fue más allá y la misión se extendió.

El diácono no es una persona cualquiera que ayuda al sacerdote en la eucaristía, sino que es una persona consagrada al servicio del pueblo de Dios. Para eso debe recibir una preparación espiritual, humana, teológica y filosófica, que abarca alrededor de tres años.

En muchos casos el diácono lleva una vida como cualquier laico: tiene su esposa, sus hijos, su trabajo, etc.

El Código de Derecho Canónico en el canon 1087, establece que cualquier hombre bautizado puede ser Diácono permanente, pero hace una salvedad: “Si son célibes, deberán permanecer célibes y si son casados permanecerán como tales. Si enviudan, no pueden volverse a casar, salvo una dispensa expresa”.

Por eso es que en algunas de nuestras parroquias contamos con clérigos casados, que sirven al pueblo de Dios desde el Diaconado Permanente.

Los siguientes son los deberes de los diáconos permanentes (según Lumen Gentium y el Derecho Canónico):

  • Administrar solemnemente el bautismo.
  • Conservar y distribuir la Eucaristía.
  • Ministros de la exposición del santísimo Sacramento y de la bendición eucarística.
  • Ministro ordinario de la sagrada comunión.
  • Portar el viático a los moribundos.
  • En nombre de la Iglesia asistir y bendecir el matrimonio.
  • Leer la Sagrada Escritura a los fieles e instruir y exhortar al pueblo de Dios.
  • Presidir el culto y la oración de los fieles.
  • Servir en el ministerio de la palabra al pueblo de Dios.
  • Celebrar el culto divino.
  • Administrar los sacramentales como pueden ser el agua bendita, la bendición de casas, imágenes y objetos.
  • Presidir el rito fúnebre y la sepultura.

En la Arquidiócesis de San José contamos con 19 diáconos permanentes, que además de servir al pueblo de Dios desde sus parroquias y en su día a día, tienen la misión de trabajar con grupos particulares, para acercarlos a la casa de Dios.